Me siguen!!!!!! GRACIAS!!!

NO !!! A LAS MINAS A CIELO ABIERTO

NO !!! A LAS MINAS A CIELO ABIERTO
NO A LA CONTAMINACION DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES

domingo, 1 de mayo de 2016

CAMINOS A LA LIBERTAD

CAMINOS A LA LIBERTAD
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Un puñado de semillas sagradas que atesoré
 y sembré años después
 
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"Desde niños mis sueños eran tan grandes como grandes podían ser. Intentaron apocarlos con cada técnica habida: colegios, reprimendas, psicólogos, sacerdotes, ejemplos y hasta algunos golpes. Los años y los grandes tropezones fueron llenando mi alma de cicatrices cosidas con agujas de colchón. Así cada puntada de hilo grueso marcó un nuevo paso, un sembradío hacia una libertad pagada a peso oro.
 
Creo que a los 18 ya era un hombre mayor. Algo humano iluminó mi andar, la música de Dylan, los acordes de Luis Alberto, la libertad de una adolescencia que parecía gastada, ultrajada por la extrema libertad. Pero había una luz dentro de mí que era clara; había algo incontaminable, algo que cuidé como un tesoro. No sé si fui yo quien lo ordenó.
 
Siento que fueron mis padres los que me otorgaron a sabiendas un puñado de semillas sagradas. Eran las raíces de las flores de mi madre y las fórmulas impertérritas de la física, química y matemática de mi padre expresadas en sus fórmulas algebraicas de papel cuadriculado y lápiz, lo recuerdo en su mesa de trabajo sobre el lago Moreno, mirando las cumbres de los cerros López, Ventana, Goye, Capilla, Millaqueo, que son algunos de los sombreros que circundan el Llao Llao. Allí, llenaba resmas enteras de papeles haciendo fórmulas.
 
Estas semillas las atesoré y sembré muchos años después. El había decidido a los trece años estudiar física, a la misma edad que yo decidí inclinarme por una inmensa libertad. Somos germanos, metódicos y obsecados.
 
Así crecí. No sé si fue la mujer que se sacó el bustier - su torso esculpido y desnudo, sus senos blanquecinos que acariciaban la luna -, sentada con su amante en la elegante noche de candelabros y susurros del restaurante de París, donde yo, aprendiz, en la sala de gueridón, terminaba de agregarle salsa a una hermosa rodaja de coulibiac, con mi sombrero de media altura y mis escasos años, mis ojos abiertos con admiración mientras el maitre la cubría con un mantel de presagioso damasco blanco. Aquella nota de irreverencia, ese acto de libertinaje, me hizo caminar solo por las calles hasta el amanecer, cuando toqué el timbre de Anioushka, mi amante esporádica, que me recibía en su buhardilla, donde camisones, estantes, cama, tina y sillones me hablaban desde el decoro amarillento de antiguos encajes de Flandes. La besaba hasta el mediodía, sus enormes labios rojos carmín, luego tomando café con anteojos negros en el café de Flore.
 
O si fue unos días después, cuando entré por primera vez en el Museo Delacroix, en la pequeña plaza Fürstenberg, y ví sus cuadros,, tigres y medusas en la pequeña sala de su atelier enfrentado al jardín adusto y sombreado, atizados mis ojos por los rasgos del pincel, sus caballos, con cada músculo erguido en las batallas del andar. Creía entonces poder poder entrar en los sueños del pintor. Aquella casa - museo ha sido un lugar recurrente en mi vida, sus escaleras y el puente que llega a su estudio.
 
O fue aquella noche reciente, cuando humildemente me arrodillé en la arena de la playa de José Ignacio, los ojos en lágrimas para cocinarle un pescado a la plancha a Ronnie Wood, sentado a mi lado con su guitarra, hastío, simpatía y aguda ironía. Los Stones fueron pilares de mi moral adolescente.
 
O fueron las saetas de Semana Santa en Sevilla, que hacen parar a los costaleros que llevan las imágenes en la procesión con sus cantos mientras el silencio toma en respetos las calles de la Giralda, entre azahares y cañas de bares. Las doñas espontáneas y arrojadas de voz y sentir se hacen escuchar a capella.
 
Recuerdos de una vida plena."
 
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Tierra de Fuegos
 
Publicado en la Revista del Diario La Nación, En el Mercado, Corresponsal del buen vivir.
 
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 1 de abril de 2016

2 de abril

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" Desearía que hiciera llegar a la maestra de 3° “D” este mensaje para mis alumnos:

 
  A mis queridos alumnos de 3ro D:

 
 No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado   muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera.

 
Espero que ustedes no se preocupen mucho por mi porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.

 
Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder.

 
Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes.

 
Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña.

 
Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes.

 
Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.

 

Afectuosamente


Julio "

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Carta del maestro Julio Cao a sus alumnos
de la escuela N° 32 de Laferrere
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El soldado Julio Rubén Cao (1961-1982) era maestro en una escuela de La Tablada, Pcia. de Buenos Aires.
 
Cumplió el servicio militar en el Regimiento de Infantería Motorizada III “General Belgrano” de Tablada y se enroló en forma voluntaria para luchar en Puerto Argentino. Murió en combate el 10 de junio. Estaba casado y no pudo conocer a su hija Julia María, que nació el 28 de agosto de ese año.

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Fuente: http://www.perfi l.com/contenidos/2007/04/04/noticia_0019.HTML
 
*Aclaración: Se respetó la ortografía de la fuente


 

jueves, 24 de marzo de 2016

FELICIDADES

FELICES PASCUAS!!!
 
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Por caprichos del almanaque coinciden fechas significativas a nivel personal, a nivel país y en la fe.
 
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Este jueves Santo, en las celebraciones una vez mas me emocionaré con el lavado de pies, rezaré con el corazón en la mano por la memoria de mi abuelita Máxima, una india sabia que se llevó los secretos heredados de sus mayores, que le habían inculcado entre otras cosas la sapiencia necesaria para leer el cielo, que nos habla a través de las estrellas.
 
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Hace 40 años que la abuelita Máxima brilla en el cielo. Hace 40 años comenzó la feroz dictadura militar en el país, dejando una herida enorme en toda la sociedad que aún no ha cerrado.
 
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En esta Semana Santa, cada uno la vive de manera diferente según su creencia o su elección.
 
Personalmente tendré el corazón abrigadito por la fe e iluminado por la luz que me dejó encendida mi abuelita.
 
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FELICES PASUAS!!!!!!!!!!
 
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martes, 15 de marzo de 2016

Ojos celestes

OJOS CELESTES
 
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Ella cosía en la vieja máquina que la abuela trajo en su baúl desde la lejana Italia. La máquina de coser era vieja, ella también estaba volviéndose vieja y malhumorada.
 
Mientras hacía ruedos y bastillas recordaba que alguna tuvo una piel fresca, lisa, que siguiendo la moda de la época, escondía sus pechos turgentes dentro de unos corpiños puntudos y armados que emulaban a un colador y usaba peluca a escondidas de su padre.
 
En esa época lo conoció a él. Se amaron a escondidas, se juraron amor eterno y soñaban con un casamiento, sencillito para no llamar la atención ya que sus padres (tanto los de él como los de ella) se oponían a la relación. La excusa? "ese ricachon vago solo quiere divertirse con vos, tonta!!" le recriminaba su padre. "Esa loca que anda con el que se le cruza" espetaba quien iba a ser su suegra.
 
A pesar de todo se amaban y cada tarde él la visitaba en su casa, esa misma casa donde ahora tiene su taller de costura. Llegaba con su moto, tomaban unos mates, se contaban sus cosas y se querían.
 
A veces la invitaba a dar una vuelta en moto por la zona de la estación de ferrocarril, poniéndole vértigo al paseo, al cruzar la vía con el tiempo justo para evitar ser arrollados por el tren.
 
Y así fue que una noche, cuando él volvía de la casa de ella, tal vez porque había tomado un poco de mas o porque hubiese querido quedarse con ella o porque ese era su destino, la cuestión que el tren terminó con el desafío y lo atropelló.
 
Le avisaron a ella. Paradoja del destino: un vecino la llevó en una moto hasta el hospital y pudo ver su cuerpo. Ella siempre recuerda que todavía estaba tibio. Le abrió la camisa, le acarició por última vez el pecho. Tuvo entre sus manos sus rulos que se habían desordenado en su cabeza enmarcando la rigidez que ya había tomado su mentón. Lo besó en la frente y se fue al escuchar el griterío que anticipaba la llegada de las hermanas del muerto.
 
No fue al entierro. Se quedó con su recuerdo, puso una foto en un cuadro y le preparó un altar casero donde cada día depositaba flores frescas en un frasco que hacía de improvisado florero. Eligió la foto que se habían sacado juntos en el Santuario de la Virgen de Luján, con la esperanza que la Virgencita protegiera su alma.
 
Dos amigos se juntaban en la casa de uno de ellos a tomar mate, a conversar sobre chicas y novedades de los vecinos. 
 
Uno de ellos vendía huevos, el otro tenía un buen pasar y ojos celestes. Se habían hecho amigos no recordaban como. Sea como fuere comentaron el caso del fulano que fue arrollado por el tren la noche pasada, lamentaban que había dejado la novia con los preparativos para la boda.
 
Ojos celestes dijo: quiero conocer a la novia del tipo ese!!
 
Dejate de joder!!! gritó el vendedor de huevos y se alejó molesto con la excusa de cambiar la yerba del mate.
 
Los años pasaron. Ella cosía, recordaba su amor perdido y en su descuidada casa daba abrigo a los  animales que encontraba por ahi. Tenía varios perros, un loro, algunos gatos, un pez, gallinas, un canario y hasta un sapo buscaba refugio en el terreno que alguna vez fue un jardín.
 
Una tarde llegó el vendedor de huevos a llevarle la docena que le había encargado, con un amigo que apenas lo pudo ver pues estaba al volante de una potente camioneta.
 
La semana siguiente igual y así sucesivamente hasta que una tarde el vendedor de huevos le reveló el secreto a ojos celestes, quien esa misma tarde llamó a la puerta con la caja conteniendo los huevos y allí se conocieron.
 
De ahí en mas siguieron mas o menos juntos. Ella amplió sus ingresos ya que con el aporte económico de ojos celestes pudo comprar y vender las telas, confeccionar preciosos modelos y vender medias en invierno o remeras en verano.
 
Ojos celestes la invitó a su casa. A ella no le prestaron mucha atención. Cada quien andaba sobre su propia nube en esa casa. El padre tenía la mujer de la libreta y la querida por ahí. La madre lloraba si alguien la escuchaba. 
 
A ella no le gustaba mucho ir a la casa de ojos celestes pero no decía nada. Un día empezaron a vivir juntos en la casa donde ella cosía.
 
Una vez juntos ella creyó tocar el cielo con las manos. Ojos celestes es quince años menor, pintón, rubio y que le haya dado bolilla a ella era mucho mas de lo que podía esperar. 
 
Ojos celestes le confesó que siempre había querido conocerla. Nunca pensó que vivirían juntos.
 
Juntos como están empiezan a conocer la cara fea de la realidad al perder primero los padres de ella, luego la fortuna de él, después la casa donde ella cosía, le sigue la partida de los padres de él y finalmente los ahorros de ella y una propiedad que había heredado. En el camino quedan los amigos que de a uno comienzan a alejarse al ver los negociados de ojos celestes que en  lugar de sumar beneficios solo reciben fallos negativos y significativas pérdidas económicas.
 
Ella no hace nada sin consultar a ojos celestes. La palabra de ojos celestes es verdad y punto. Los demás solo quieren estafarla.
 
Hoy por hoy ella está vieja, viviendo en una casa vieja, llena de cosas viejas, de viejos recuerdos, con una vieja foto tomada en Luján que supo tener flores frescas en alguna época. No ahora, ya no. No hay ganas ni fuerzas, siente que tiene al mundo en su contra. Menos a uno.

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domingo, 27 de diciembre de 2015

FELICIDADES!!!!!!!

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Ñ


La almacenera les desea muchas felicidades y
 
un muy buen 2016!!!!!!!!!!!!!
 
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jueves, 19 de noviembre de 2015

FE

CON ESPERANZA


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En mi alma yo sé
con honda fe
que pronto venceremos

Pronto venceremos,
pronto venceremos,
juntos lucharemos
hasta el final.

Quiero que mi país
sea feliz
con amor y libertad.

Sólo con justicia,
sólo con justicia,
nos haremos dueños
de la paz.

No tenemos miedo,
no tenemos miedo,
no tendremos miedo
nunca más.
 
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" Venceremos" - María Elena Walsh
 
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Me pareció oportuno compartir la letra de "Venceremos", en vísperas del ballottage que se realizará en el país el próximo domingo. Además - se me ocurre - es una apuesta al futuro del mundo, tan maltratado por el terror, por el miedo, por la sangre que a diestra y siniestra se está derramando en distintos lugares de nuestra casa, la única que tenemos: el planeta. Es tan difícil vivir todos en paz? con nuestras diferencias, con nuestras distintas costumbres, con nuestros distintos idiomas o modas, pero juntos y en paz.
 
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martes, 29 de septiembre de 2015

UNA HISTORIA


UNA HISTORIA
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Mientras su mamá le peinaba sus largos y oscuros cabellos, ella miraba por la ventana y soñaba con tener una habitación con un toilette con volados como tiene la vecina de la otra cuadra. Lo había visto hace unas cuantas tardes cuando el Coco, su hermano, la había llevado a dar una vuelta en bicicleta y por alguna razón vino el enojo, y el Coco la dejó abandonada en la vereda de esa casa, y fue en ese momento cuando sus ojos no supieron si llorar o asombrarse por la habitación hermosa y bella que se dejaba ver tras la cortina que como al descuido había quedado corrida.

Tal vez tenga una casa bonita como ella suspiraba a la vez que recibía un certero golpe en su cabeza propinado por el peine que enarbolaba su madre y quien a los gritos le ordenaba que se quedara quieta.

Con los cabellos prolijos iba a la escuela con el Coco. Eran épocas donde no había aulas mixtas. O eran de nenas o de nenes. No se compartían, como si la educación fuera diferente. En los recreos miraba de reojo a ese chico de ojos grises que no sabía que tenía de raro pero le gustaba mirarlo, mientras jugaba a la pelota con los otros chicos en el patio asignado a los varones.

Años mas tarde, el chico de los ojos grises, ya percatado que Nora lo miraba, una tarde se unió al grupo de la vuelta a casa. Y claro, el Coco necesitaba ganar puntos en casa, por lo tanto vocifero a todos aquellos que quisieran escucharlo que “ese chico” solo venía para “acompañar” a Norita.

Los gritos y retos de los abuelos y padres estuvieron a la orden del día. El Coco había logrado su objetivo: tener distraído al público familiar obteniendo su propia ganancia.

A partir de ese entonces el Coco volvía a casa con su amigotes, mientras que Norita lo hacía con el sargento de la familia o sea la abuela.

Los años pasaron, el Coco andaba desabrochando blusas y levantando polleras en el tiempo que le daban sus interminables partidos de futbol con sus amigos. “Como si no lo conociera” pensaba Norita, mientras aprendía los rudimentos de cómo ser una perfecta ama de casa y de tanto en tanto cuando algún mandado lo permitía, se veía a escondidas con su chico de los ojos grises. Ambos sabían que sobre sus cabezas se ceñía el temor a ser descubiertos por los atentos ojos de las madres (de los ambos lados), de las abuelas y los mas peligrosos: los ojos del Coco que no solo veían sino que tambien hablaban a los gritos.

“Yo estoy aquí Norita, negrita, chiquitita mía!”, le juraba una y otra vez mientras ella soñaba en perderse dentro de esos ojos increíblemente grises.

Los años pasaban, Norita no podía desprenderse del mandato familiar de ser una correcta ama de casa, además debía repartir el resto de su tiempo entre la atención del almacén familiar y su madre que por ese entonces ya empezaba a manifestar algún mal propio de  la edad.

“Yo estoy aquí Norita, negrita, chiquitita mía!” le juraba una y otra vez el hombre de los ojos grises, pero – le advertía – “no te demores demasiado. Yo tengo mis urgencias, las mismas que las tuyas y quiero enredarme en tu pelo”, le susurraba al oído en alguna tarde-noche mientras se ocultaban en la penumbra cómplice de un amor que ya no quería ocultarse.

Norita luchó por su amor, ante la negativa de su madre y la indiferencia del Coco quien disfrutaba de la comodidad de tener dos mujeres que se ocuparan de sus urgencias domésticas, mientras tanto inspeccionaba las camas de la damas de turno con la excusa de que voy a hacer entre tantas mujeres de la casa?

“Estoy aquí Negrita, Norita mía! Te espero. Vas a tener noticias mías” Le había dicho el hombre de los ojos grises mientras como al pasar le comentaba que se iba a un lugar muy lejano por trabajo y también porque no? a encontrar un amor que lo haga olvidar a su chiquitita.

Y Norita se quedó lavando trastos viejos, arrastrando a la vieja: su madre. Es mi madre – pensaba – pero no deja de ser egoísta. Ella hizo su vida, me tuvo a mi y al Coco y no me deja hacer mi vida!, sollozaba mientras releía una y otra vez la última carta de su amado de ojos grises en la que le cuenta que va a ser padre.

Mientras tanto el Coco ni se preocupa de la madre, ni el negocio ni de Norita ni le importa demasiado nada, excepto sus idas al club y los asados de los viernes con sus amigotes, vagos y groseros como él. Un buen día decide casarse y ahí está Norita con los preparativos de la boda, sopesando con el trabajo doméstico y del almacén, rumeando su propia infelicidad.

Norita ya no piensa en el hombre de los ojos grises, ni en tener una casa con toilettes de volados ni que ocho cuartos. Se siente la cenicienta de la familia. Eso – pensaba Norita – soy la cenicienta pero no tengo madrina con varita mágica. Esas cosas existen en los cuentos.

De vez en cuando recibía alguna carta que la hacían volver en el tiempo atrás y soñar con que aún tenía el pelo sin canas y la piel sin arrugas.

Un dia su cuñada, la mujer del Coco, se electrocutó mientras lavaba la ropa. Al parecer el lavarropas no estaba en condiciones y terminó con su vida. De nuevo el Coco volvió al seno materno, con sus mañas, las de antes y las nuevas. Como agregado se había vuelto mas viejo por la tanto mas gruñon y obeso.

A remarla! pensó Norita y mordía sus lágrimas mientras fregaba la ropa de su hermano, su madre y la propia, a la vez atendía el almacén familiar y a la vieja o sea su madre.

Según el Coco ella tenía que estar en la casa o en el almacén, no tenía necesidad de ir a otro lado, a que? A pasear? No! Eso no era para ella.

El paseo según el Coco se hacía los domingos después que él hubiese dormido la siesta y si tenía ganas subía a las dos mujeres a su auto y las llevaba a dar la vuelta al perro. Norita con cara de pocos amigos siempre en el asiento de atrás, con la mirada perdida, tal vez buscando a unos distantes ojos grises.

Cuando las canas de Norita ya eran inocultables, y el Coco había  formado una nueva pareja, una tarde su madre con muchos años en su haber, se descompuso y murió. Rápido, demasiado rápido pensó. Ahora quedaba sola en esa casa, la de siempre, la que tiene el negocio adelante y no iba a permitir que el Coco y su mujer vinieran a vivir con ella con el pretexto “para que no estés sola”.

Norita dejó de preocuparse por el negocio y cumplía escasamente con su atención. Por las tardes miraba las novelas que proponía la televisión. Una de esas tardes mientras saboreaba el amargor del mate tomó una hoja del cuaderno de los pedidos y escribió con letra temblorosa aquello que tuvo guardado por veinte, treinta o quien sabe cuantos años: le pedía a ese hombre de los ojos grises que viniera, que nada se interponía en su amor.

Ella se había liberado del yugo del Coco, del negocio y de la vieja. A su vez el hombre de los ojos grises ahora peinaba canas y había enviudado.

La carta llegó al destino establecido y tuvo una respuesta casi a diario durante treinta días, hasta que una noche, a la hora del micro, sonó el timbre y con el ring llego el amor que tantos años habían guardado uno a otro.

 
Un día el llegó tan diferente
a su forma de siempre llegar
la miró de una forma más caliente
que su forma de siempre mirar
y no maldijo la vida tanto
como siempre acostumbraba hablar
y no la dejó sola en un rincón
y para su gran sorpresa, la invitó a caminar
entonces ella se puso tan bonita
como hace mucho tiempo no quería osar
con su vestido escotado oliendo a
guardado de tanto esperar
y renunciaron a las armas
como hace tanto no solía pasar
y llenos de ternura y gracia
fueron a la plaza
y se comenzaron a abrazar
y ahi bailaron tanto baile
que la vecinada entera despertó
y fue tanta felicidad que toda la ciudad al fin se iluminó
y fueron tantos besos locos
tantos gritos roncos
como no se oía más
que el mundo comprendió
y el día amaneció
en paz. (*)


 
Desde ese día fueron inseparables. Se los podía ver a los dos juntos parados en el umbral de la puerta mirando pasar los vecinos. Se los podía ver dando la “vuelta del perro” los domingos en el auto, curiosamente gris, conducido por el hombre de los ojos grises y que peina canas. Se los podía ver ir de la mano al kiosko de la esquina a jugar la quiniela clandestina, cada tarde.

Una mañana cualquiera en el desabastecido y hasta abandonado almacén, el Coco le anuncia que sería bueno cerrar el negocio y cada uno dedicarse a sus cosas. Norita no se dignó contestarle y dejó que se marche por unos días a la gran ciudad a visitar los familiares de su mujer.

Esa iba a ser la última vez que lo vería con vida. La muerte vino a buscar al Coco mientras disfrutaba de la siesta en medio de una tumultuosa ciudad.

Norita no lo lloró al Coco. Era su hermano, si claro, pero no su hermano cómplice. Me podrías haber ayudado! le recriminó en silencio, antes de darse vuelta y dejarlo en el cementerio. El señor de los ojos grises leyó su pensamiento y la abrazó con fuerzas a la vez que le recordaba que allí estaba para contenerla.

Ahora si, ya en la tercera edad, Norita disfrutaba de la libertad que da el amor, con su chico, que aunque peina canas y tiene dolores de huesos, seguía siendo su chico.

Viajaban en los tour para jubilados, se reían, bailaban y disfrutaban de la vida hasta que una tarde el señor de los ojos grises y que peina canas le pregunta a Norita: “Señora ud. no vió a una chica de pelo prolijo que se llama Norita?”

-        Soy Yo!, repondió ella

-        No es posible dijo él. Ud es una mujer muy grande y ella es muy joven.

-        Dale, no hagas bromas. Soy yo! - insistió Norita -

-        No es broma!!!! O tengo cara de bromas? No la ha visto?

La alarmas sonaron. Una enfermedad mental estaba haciendo de las suyas dentro del hombre que peina canas y tiene unos increíbles ojos grises. A tal punto llegó la cosa que Norita mandó a llamar al hijo que si bien no era suyo, lo sentía como suyo y juntos tomaron la dolorosa decisión de internarlo en un centro especializado.

Esa noche Norita lloró amargamente. Amó, esperó años para ser amada con todas las letras y una rival anónima, artera, esperó agazapada para arrebatarle la felicidad que creía tener atrapada para siempre entre sus manos.

En la habitación de un centro de salud, un hombre mira por la ventana el cielo, le sonrie al sol y sigue preguntando si no han visto a una joven de prolijos cabellos llamada Norita.

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(*) Valshina - Chico Buarque